Aprender a Pensar

Repensar la Educación

Augusto Ibáñez

FSM

La mujer como elemento indispensable… para la inteligencia colectiva

Sí, ya sé, es un remedo de paráfrasis, bastante simplista, de aquel loco divertimento de Jardiel -“La mujer como elemento indispensable para la respiración”- por lo que pido disculpas, pero es a la vez un título pertinente para sintetizar lo que viene a continuación, que es bastante serio, créanme.

http://www.quedelibros.com/libro/22512/La-Mujer-Como-Elemento-Indispensable-Para-La-Respiracion.html

El año pasado se abrió un interesante debate en Aprender a pensar en torno al artículo de The Gray MattersLa gente es idiota; los grupos de gente no”, que apuntaba hacia el concepto de la inteligencia colectiva. En la misma línea escribí entonces, también en este portal, el artículo “Colectivos inteligentes con individuos idiotas: la naturaleza ya lo había inventado”, donde presentaba un curiosísimo caso de inteligencia colectiva en unos mohos ameboides unicelulares, y acababa con una provocación y una hipótesis:

“¿Imaginan lo que podrían lograr los seres humanos, infinitamente más inteligentes que una ameba, si fueran capaces de imitar un comportamiento similar? Probablemente, cuanto mayor es la inteligencia individual más difícil es crear una inteligencia colectiva, porque esto requiere sacrificios extremos que son incompatibles con un individualismo sobrevalorado.”

Sin embargo, debo reconocer que al aventurar que la inteligencia individual iba en detrimento de la inteligencia grupal -¿qué otra cosa podría decir ante ese comportamiento tan inteligente de las amebas-, me precipité claramente. Rectifico tras leer esta mañana el artículo “Demostrada la existencia de la inteligencia colectiva” –de título bastante más impreciso, por cierto, que el de este post- que recoge las conclusiones de un trabajo de investigación del MIT, donde se pone de manifiesto que la inteligencia individual no influye en la grupal, ni para bien ni para mal.

En la investigación a que se refiere el artículo se propusieron diferentes tareas, a unas setecientas personas, y se midió el rendimiento de su resolución de forma grupal y de forma individual. Los investigadores detectaron mejoras significativas en el rendimiento de los grupos, que se tomaron como medida de la inteligencia colectiva. Ya se ve que llamamos inteligencia grupal o colectiva al fenómeno que se presenta cuando el rendimiento del grupo supera las capacidades cognitivas individuales de cada uno de sus miembros, algo muy claro en el ejemplo de las amebas sociales al que antes hacía alusión.

La investigación deja claro que lo que influye fuertemente en la inteligencia grupal es lo que llaman “sensibilidad social” de los miembros del equipo, es decir, la flexibilidad para aceptar las tareas y para que todos tengan oportunidad de aplicar sus competencias al reto propuesto. Por tanto, la inteligencia social no está reñida con la inteligencia individual, sino con la dominancia, el individualismo y la resistencia a cooperar.

Los grupos con más inteligencia colectiva son los que presentan más sensibilidad social, o lo que es lo mismo, una mayor capacidad de sus miembros para percibir las emociones del resto de los miembros. Y sociológicamente hablando, ¿qué colectivo de personas tiene más capacidad para percibir las emociones de los demás? Acertó: las mujeres. De modo que la inteligencia colectiva de un grupo se debería correlacionar positivamente con el número de mujeres presentes en él.

Y así es. Los investigadores del MIT comprobaron que los grupos que contaban con un mayor número de mujeres demostraron tener una mayor sensibilidad social y, en consecuencia, una mayor inteligencia colectiva, en comparación con los grupos con menos mujeres. De modo que los datos demostraron que el nivel de inteligencia colectiva de un grupo se correlacionaba claramente con la proporción de mujeres en el mismo.

De esta investigación se derivan aplicaciones inmediatas para las organizaciones. Para aumentar en ellas la inteligencia colectiva los investigadores proponen cambiar a los miembros excesivamente dominantes o enseñar a los equipos mejores formas de interacción. Claro que evitan decir lo obvio, y es que para mejorar la inteligencia colectiva hay que favorecer e impulsar la presencia de mujeres en los equipos.

¿Hacía falta una compleja investigación del MIT para concluir esta obviedad? Pues sí, porque aunque todo individuo dotado de un mínimo de objetividad y sentido crítico intuyera, con toda seguridad, esta importante aportación femenina a las organizaciones, esta tesis adquiere ahora mucho más alcance tras ser corroborada por los datos experimentales de la investigación.



escrito el 12 de Mayo de 2011 por en General

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